COHERENCIA Y EQUIPO
Dr. Jorge R. Bruni
Equipo de Representación de los Trabajadores en el BPS - 18/11/2004
Al principio fue el hombre ahorrando parte de sus ingresos laborales para cubrir, al retirarse de la actividad, la vejez, muerte e incapacidad. Cuando el largo proceso de los tiempos comprobó que el ahorro individual o seguro mercantil no alcanzaba, surgieron los seguros sociales. Un colectivo de trabajadores, y no un individuo aislado, buscaron cubrir los riesgos mediante un fondo común con aportes tripartitos: trabajadores, patrones y estado. Después vino la seguridad social solidaria: el trabajador activo financiaba al desempleado, el sano al enfermo y el joven al viejo.
Como se ve, fuera el ahorro individual, seguro mercantil o social o seguridad social, siempre el trabajo de hoy era el centro de la previsión del mañana.
Hoy, la historia se repite. El futuro gobierno deberá encarar la seguridad social con el empleo como centro. Porque ¿cómo concebir un futuro venturoso financiado con un presente adverso basado en el desempleo y el trabajo precario?
La armonía entre empleo y seguridad social es esencial. Por tanto, será imprescindible la coordinación entre el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Banco de Previsión Social y Banco de Seguros del Estado. ¿O es que los accidentes de trabajo y enfermedades profesionales no son seguridad social? Estos últimos, tal cual están encarados hoy, poco o nada tienen que ver con ella.
¿Y la política económica? Los famosos superávit primarios, los notorios servicios de deuda, intereses en términos entendibles, o como se les quiera llamar, ¿son ajenos a las restricciones que desde hace décadas viene soportando la gente, sin solución de continuidad? Esto es: rebajas de pasividades, deterioro del sistema de salud, del desempleo y asignaciones familiares. Ergo: mucha tendrá que ser la sintonía entre la política económica y la social (en realidad son solo una), si es que se pretende concretar una concepción coherente y progresista.
Habrá que analizar de qué bolsillo sale la plata para financiar la seguridad social.
Uruguay es un país que envejece a ritmo europeo y protege al compás de paso de ganso. Más bien, desprotege a ritmo latinoamericano: vertiginosamente.
Encarar todos estos problemas exige concepción y trabajo de equipo. Mucho tendrán que ver quienes estén al frente del Ministerio de Economía, Oficina de Planeamiento y Presupuesto, BPS, MTSS, BSE, etc.
Lo decíamos una semana atrás: en este país ni en ningún otro basta sólo con el crecimiento de la economía para solucionar los problemas. Si no se considera la agenda social como parte sustantiva de los grandes temas nacionales, habrá cualquier cosa menos política económica que merezca llamarse tal.
No es admisible que en un país de inequidad y exclusión social, existan quienes ganan cantidades astronómicas, llámense AFAP, grandes exportadores, sistema financiero o explotación forestal. Y para afirmar esto, no se necesita ser anticapitalista, marxista, revolucionario, católico, budista, chiíta, hincha de Peñarol o Nacional. Simplemente es un problema de ética. Y conste. No se trata de eliminar las AFAP. Es otra cosa. Tiene que ver con aquello de que ningún país que se precie de tal puede admitir ganancias impúdicas, trátese de quien se trate. Así de simple.
Bienvenidos los planes para atender la Emergencia Social. Machado decía: se hace camino al andar. Pero andando y andando, con el transcurso del tiempo habrá que llegar a los esenciales cambios estructurales. No alcanza solo con la asistencia a la emergencia. El bien común y las responsabilidades sociales son prioridades en cualquier país del mundo. En Uruguay también.
Por todo esto y mucho más, encarar coherentemente y como equipo los grandes temas nacionales es sustancial. La seguridad social también.