MITOS, UTOPIAS Y REALIDADES
«y sin embargo se mueve »
Copérnico
Alejandro Bonilla García
*Organización Internacional del Trabajo.
* Coordinador de Políticas e Investigación del Sector de Protección Social de la Organización Internacional del Trabajo. Las opiniones vertidas en el presente trabajo son exclusivas del ponente y no necesariamente representan la opinión de la OIT. Favor de enviar comentarios y reacciones a: bonilla@ilo.org. El destino quiso que el inicio del milenio se viera marcado por tres reuniones de la mayor relevancia para el desarrollo económico y social. Las dos primeras son los foros mundiales llevados a cabo en el mes de enero. El Foro Económico de Davos, Suiza y el Foro Social de Porto Alegre, Brasil. La tercera reunión es el 39° periodo de sesiones de la Comisión de Desarrollo Social del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas que se llevó a cabo en febrero del presente año en Nueva York y cuyo tema prioritario fue « El mejoramiento de la protección social y la reducción de la vulnerabilidad en el actual proceso de mundialización."La incorporación efectiva y eficiente de la protección en el proceso actual de mundialización supone importantes desafíos a todos, en particular, al sistema multilateral que se ve llamado a impulsar iniciativas con enfoques integrados tanto en el plano económico como en el social. Lo difícil evidentemente no es la determinación de objetivos sino cómo alcanzarlos. Por ello, dichas iniciativas seguramente deberán incluir elementos concretos y eficientes de coordinación inter-institucional, es decir, la elaboración de marcos analíticos para el desarrollo de políticas internacionales y nacionales que no signifiquen una hegemonía de la una sobre la otra, sino que representen vías para potenciar el desarrollo en los dos planos.
Sin embargo, cómo considerar y proponer elementos concretos cuando, alrededor del tema de la mundialización de la economía y sus implicaciones y relaciones con el "ámbito social", se manejan una mezcla de mitos, utopías y realidades que se nos presentan con tal celeridad y en tal cantidad que con frecuencia es difícil distinguir unos de otros. En ese sentido, el presente documento tiene por objeto analizar algunos de los muchos mitos, utopías y realidades que caracterizan al Tercer Milenio.
En primer lugar, haré referencia a los mitos. Uno de los primeros mitos es la afirmación según la cual el proceso de globalización es algo sumamente "moderno" e inevitable y que tiene a toda la humanidad en una situación de expectativa.
En cuanto a la "modernidad" es interesante a prestar atención a la siguiente publicidad de una firma líder en materia de cómputo que señaló: "Indudablemente hemos iniciado una nueva era, una etapa post-industrial en donde la capacidad de utilizar información se ha convertido en decisiva. Esta nueva era se conoce como la "edad de la información". La publicidad es de 1977 y ya anunciaba el inicio de una nueva era.
El mito de la edad de la información cruza el camino del de la edad global y el de la nueva economía. Cualquiera que sea la designación que le demos, esta nueva era lleva, según estimados conservadores, dos décadas con nosotros y por lo tanto no es fácil seguir calificándola como "nueva". En consecuencia, al realizar una evaluación provisional, no es posible solamente analizar las promesas de lo que va a suceder en el futuro, sino de lo que ya ha ocurrido, hacia donde parece orientarse y la necesidad y posibilidad de intervenir en esa orientación.
El tema de la auto-orientación y auto-proyección de cara al futuro o de un desarrollo evolutivo y participativo, plantea a su vez el tema de lo "inevitable" de la globalización, de la globalización actual y de cualquier globalización.
En un reciente artículo publicado en España, Mario Vargas Llosa hace una referencia un tanto "malinchista" y se sonroja, como latinoamericano de lo que, según él, una característica que ha acompañado la historia de América Latina : el rechazo de lo real y lo posible en nombre de o imaginario y la quimera, así como de los riesgos de quienes en la esfera de lo social apuestan contra la "realidad". Vargas Llosa establece una elegante similitud entre lo absurdo que resulta resistir a la fuerza de gravedad como al proceso de globalización y lamenta el papel que desempeñan los supuestos opositores a la globalización, a los que llama "quiebraquilos de nuestros días".
El carácter no tan novedoso del proceso de globalización, sus resultados hasta la fecha, sus cuestionamientos que han alcanzado igualmente niveles globales y la referencia a la ley de gravedad de Vargas Llosa, me hicieron "inevitablemente" recordar a Copérnico y « su » realidad cósmica contemporánea. Copérnico argumentaba que los planetas y la tierra giraban en órbita alrededor del Sol, teoría que fue considerada como inaceptable por la mayoría de sus contemporáneos, quienes aceptaban globalmente que todo el universo giraba alrededor de la Tierra.
A Copérnico le siguieron otros científicos famosos y anónimos. Todos ellos con aciertos y errores en cuanto a la gravitación a la que se refiere Vargas Llosa. Todos ellos con una diferente visión e interpretación de la "realidad" del universo. Estoy seguro que casi cada uno de ellos en su tiempo pudo haber sido tratado de "quiebraquilos" por su búsqueda continua de "otra realidad". El "silencio de los corderos", es decir, el rechazo de la dinámica misma de la cambiante realidad, nunca ha actuado como promotor de desarrollo. Tan consciente estaba por ejemplo Einstein de sus errores y de la necesidad de asumirlos y trabajar en su permanente superación que, en diciembre de 1915, dijo sobre sí mismo:. "El amigo Einstein siempre se arregla a su propia conveniencia. Cada año se retracta de lo que escribió el año pasado". Fue un largo camino desde Copérnico pero Einstein llegó a su versión final sobre la relatividad general, misma que inevitable y afortunadamente está siendo revisada y mejorada.
En el campo de la globalización, ¿no habría que reconocer que está en sus primeros pasos y que su forma actual y la percepción que tenemos de la misma puede y debe cambiar con el tiempo, en función de sus aciertos y sus inevitables errores y carencias? Los cuestionamientos sobre la estructura, las perspectivas y los resultados provisionales de la globalización forman parte de la realidad y deben ser tenidos en cuenta a la hora de la construcción de una globalización aceptable y aceptada por las mayorías a través del diálogo y de la participación democrática.
Un segundo Mito: La guerra entre el Norte y el Sur. La supuesta guerra entre el Norte y el Sur se puede considerar también como un mito de la época moderna. Tanto en el Norte como en el Sur hay quienes apoyan diferentes tipos de globalización y percibidos, por los unos y por los otros, como contrarios a toda globalización o como incondicionales de "cualquier" globalización. La "aldea global" no existe por el momento, lo que existe son archipiélagos con identidades e intereses globales.
La mayoría de las empresas y actividades legales e ilegales exitosas en la nueva economía global tiene de una u otra manera una ramificación tanto en el Norte como en el Sur generando un enramado de interdependencias, también, legales e ilegales, tanto de bienes estratégicos como de artículos superfluos e incluso nocivos como las drogas.
¿Quién representa al Norte y quién representa al Sur si en ambos campos se cuenta con partidarios de diferentes globalizaciones? Los juegos democráticos de los diferentes países del Norte y del Sur inevitablemente influirán en la búsqueda permanente de la nueva globalización para hoy y para mañana. Las manifestaciones nacionales e internacionales a favor o en contra de las diferentes globalizaciones no son sino parte de la búsqueda y de la evolución natural. Esta búsqueda debe, sin embargo, madurar y fortalecerse con el tiempo ya que la crítica, por más constructiva que sea, no puede ser permanente. Es indispensable formular propuestas concretas, viables y aceptadas democráticamente. Propuestas existen y la esencia de las propuestas de la Organización Internacional del Trabajo la presentaré más adelante, pero antes, es necesario terminar con los mitos y hacer una breve reflexión sobre las utopías.
El mito al que es necesario referirse ahora es en realidad un doble espejo de una misma imagen: la garantía. Por un lado la imagen de la "garantía del "éxito", el "éxito asegurado" y por el otro la imagen de la garantía del fracaso, "el fracaso anunciado".
Para abordar el mito doble de la garantía del éxito y del fracaso, no resisto a la tentación de hacer referencia a los Juegos Olímpicos. Cada vez que observo, por televisión, los juegos Olímpicos no puedo dejar de pensar en que los tres primeros que llegan a la meta, que saltan más alto, o que son más fuertes, reciben todos los laureles y ¿la gloria eterna? Poco importa si el o la ganadora tuvo una detección temprana de abilidades, una beca generosa, entrenadores especializados, instalaciones equipadas con los últimos adelantos, adecuada alimentación y estímulos óptimos. El punto de partida y de llegada es el mismo para el o la participante que probablemente entrenó a escondidas en un edificio en ruinas, solo y mal alimentado. Lo importante es el éxito, la premiación. Por el contraste, los Juegos Olímpicos siempre dejan una mayoría que a pesar de haberlo dado todo, pierde. Como consuelo para los perdedores, con frecuencia, les queda sólo la satisfacción de haberlo intentado y de haber participado.
Al observar los Juegos Olímpicos por televisión tampoco puedo dejar de pensar tampoco en los millones de observadores y de los no-observadores. Los observadores tienen una visión "mediatizada" de la realidad y los no observadores puede ser que no tengan ninguna visión de la realidad por falta de medios. Hay millones y millones de personas en el mundo que pueden ser "quiebraquilos involuntarios" ya que no tienen contacto con los medios de comunicación. Hay otros que pueden ser "corderos involuntarios" por que no están en condiciones de establecer la diferencia entre ver y entender la realidad mediatizada.
La inevitable competencia que trae consigo la globalización y las diferentes percepciones de la realidad, ha encontrado a los diferentes países con diferentes puntos de partida pero con similares puntos de llegada. Sin embargo, los laureles y la gloria eterna parecen escapárseles a todos. No hay optimismo o pesimismo que perdure. Las buenas noticias y los éxitos de un día son eliminados por las noticias negativas del día siguiente, los esfuerzos sólidos pueden ser borrados por la carencia de las adecuadas expectativas, un marte negro es olvidado por un viernes glorioso y viceversa.
En el preciso momento en que el mundo se jacta de la fortaleza actual de la economía mundial y de la ausencia de crisis, las expectativas económicas de prácticamente todas las economías del mundo se revisan en la actualidad hacia la baja. Las preguntas se multiplican legítimamente ante la realidad y las expectativas. ¿La globalización actual puede dar resultados? ¿Quedaron entonces atrás los años de crecimiento sólido y sostenido de las principales economías mundiales? ¿Los años buenos son recuerdos del pasado? ¿El aterrizaje, será suave o forzado? ¿Cuál será la repercusión en los niveles de vida de los que se beneficiaron de la época de crecimiento y peor aún, ¿Cuál será la situación de todos aquellos que incluso en esa época no obtuvieron beneficios? ¿Cuál es la realidad de las mejores y peores expectativas? ¿Cuál es la expectativa de una "mejor" realidad? Cuál es el riego y las consecuencias de una "peor" realidad?
No cabe duda que el futuro ya no es lo que era antes. Pareciera que lo único cierto en este momento es la incertidumbre. Lo que tuvo éxito ayer, lo tuvo ayer, pero nada garantiza que lo tendrá mañana. Lo que funcionó para unos puede ser que no funcione para otros. Los países menos desarrollados pensaron durante algún tiempo que siguiendo los pasos de los países más desarrollados, tenían garantizado el éxito y el desarrollo. El desarrollo se percibía como una línea imaginaria en la que unos se encontraban detrás de otros, pero todos en la misma línea comparable. Los países menos desarrollados se ven obligados a buscar su propio camino pero, sobre todo, sin seguir el camino que permitió el desarrollo de los países que alcanzaron el éxito. Como diría Antonio Machado: "Caminante no hay camino, se hace camino al andar" (pero no sigas el camino andado por mi).
El desarrollo de los países actualmente más desarrollados se produjo mediante una combinación de procesos económicos y sociales entre los que se incluyeron políticas de fomento económico con dosis de prudente y selectiva protección y liberalización comercial, un papel claro del Estado, una promoción de la participación democrática de los agentes económicos y sociales y el desarrollo de sistemas de protección social. El argumento más popular para que los países desarrollados no recomienden actualmente a los países menos desarrollados que sigan las políticas y estrategias que a ellos los hicieron exitosos es que, antes, la economía no discurría conforme a una lógica global. El argumento más popular para que los países desarrollados no cumplan hoy en día determinadas recomendaciones generales orientadas a los menos desarrollados, en particular, las relacionadas específicamente con la apertura de los mercados, es que precisamente, ellos ya han alcanzado niveles superiores de desarrollo que podrían resultar comprometidos innecesariamente.
Estos compromisos son un elemento clave ya que se encuentran al centro de uno de los mayores mitos: "lo indoloro" del proceso. Si los paises más desarrallados quieren efectivamente que se reduzca la pobreza y se consolide la viabilidad de la mayoria de los paises menos desarrollados, deberan tomar medidas "dolorosas" que implican , en mayor o menor medida, el seguir las reglas que se predican o imponen a estos últimos. El impacto de la apertura de mercados de la carne, platano, café, etcétera, sera mucho mayor que la suma de todos los proyectos de cooperacion o asistencia que se diseñen para buscar alternativas con los mercados protegidos de los principales centros consumidores del globo.
Similarmente, los paises menos desarrollados deberan tomar medidas "dolorosas" y destinar efectivamente recursos a mejorar la situacion educativa, alimentaria, de empleo y de protección social de los habitantes, reduciendo o limitando la adquisisición de armamentos (salvo probablemete los destinados a la lucha contra el trafico de drogas), atacando la corrupción a todos los niveles, dejando de ser, en algunos casos, exportadores netos de capital y en otros dedicando ingentes cantidades de dinero para "salvamentos" de perennes ineficiencias de sectores tales como el bancario o financiero.
En la búsqueda de su propia vía hacia el éxito, algunos países menos desarrollados podrían enfrentar adicionalmente una paradoja democrático - matemática y una competencia renovada con nuevos y colosales actores. Un elemento conocido en la teoría de sistemas es que no necesariamente la optimización de las partes implica la optimización del conjunto. Así como en los sistemas matemáticos existen "grados de libertad" para buscar soluciones, cabe preguntarse ¿cuáles son los grados de libertad para aquellas empresas globales no viables o incluso, cuáles son las oportunidades de la democracia para aquellos países que pudieran no ser viables o estarían obsoletos con arreglo a una lógica global? ¿Existe alguna alternativa de globalización en la que todos ganen o se perpetuará una mezcla de países y empresas ganadoras y perdedoras? Una globalización incluyente en la que todos ganen es una utopía un oximorón o una posibilidad?
No me parece que hacen falta muchos argumentos para confirmar que, la globalización en la que todos ganan, es todavía un oximorón. Es evidente que con la globalización actual, no todos ganan con ella y que no es aceptable ni aceptada por todos. Una globalización excluyente es un oximorón y necesariamente debe evolucionar para convertirse, al menos en una utopía o en una posibilidad.
Los defensores de cualquier globalización parecieran apoyar una cierta "e-Utopia" en la que los derroteros actuales de la globalización son aceptables para alcanzar niveles más avanzados de desarrollo. Los opositores a toda globalización pareciera, por su lado, apoyar una "Contra-e-Utopía" según la cual ningún elemento de la globalización actual debería ser retenido a efectos de acceder a niveles más avanzados de desarrollo.
En virtud de la realidad contemporánea de la existencia de la globalización con sus virtudes y sus defectos; dada la realidad de la influencia y poder de sus promotores; dada la necesidad de hacerla aceptable y aceptada en un contexto democrático por las mayorías, es necesario eliminar la nueva bi-polaridad de las utopías aparentemente irreconciliables e imaginar nuevos conceptos y estrategias que conduzcan a una globalización dinámica, integral, eficiente en términos económicos y basada en la equidad social y en la sustentabilidad ambiental.
De Copérnico a Einstein fueron necesarios muchos errores, muchos aciertos, mucha transpiración y mucha imaginación. Para el mejor entendimiento y explicación de los equilibrios y desequilibrios a nivel macro y micro espacial, fue necesario encontrar un elemento constante al cuál referirse, la velocidad de la luz. Similarmente, la globalización requiere de un conjunto de elementos y valores constantes que permitan avanzar en la búsqueda y en la obtención de resultados, que permitan que todos avancen y todos se desarrollen.
Después de los supuestos "quiebraquilos" y los supuestos "corderos" en los extremos del espectro de la globalización, debe emerger o re-emerger con toda fuerza y energía una generación efectivamente realista, de aquellos que encuentran en el diálogo uno de los fundamentos centrales de la estabilidad económica y social. Ahora bien, antes de la apertura de mercados y del desarrollo social, debe existir también una apertura de la mentalidad y de la voluntad a fin de asumir las diferencias de enfoque e intereses y proponer alternativas fundadas en intereses compartidos por todos, sin exclusiones. Cada vez hay se tienen más evidencias de que la globalización "actual" contribuye al aumento de la desigualdad entre los países más desarrollados y los menos desarrollados. Asimismo, la desigualdad entre los habitantes de los propios países desarrollados como entre los habitantes de los menos desarrollados se ha incrementando. La exclusión es mala compañía de la democracia y seguramente el peor enemigo de una globalización eficiente e integral.
Uno de los elementos que más han sido afectados por la actual forma de globalización es, sin duda, la rápida transformación del mundo del trabajo. El trabajo informal es el más dinámico a nivel mundial. Dinamismo que sólo parece competir y probablemente sobrepasar el dinamismo de la economía criminal constituida por robos, asaltos, secuestros, crímenes de mayor o menor dimensión y sofisticación, por el tráfico de drogas, por el lavado de dinero y la corrupción en todas sus formas. El aumento del sentimiento de inseguridad no debería, por lo tanto, sorprender a nadie.
En lo que respecta al trabajo "formal", el incremento de la competencia global ha provocado pérdidas de numerosos puestos de trabajo y la creación de nuevas modalidades de trabajo para las cuales han quedado a la zaga las medidas de neutralización, compensación y acompañamiento. La globalización actual ha puesto de relieve las graves consecuencias que implica dejar de lado el tema de la protección social.
Es indudable que existe una correlación entre inseguridad por un lado, y la cantidad y calidad del trabajo. "disponible" y al alcance de las mayorías, por el otro. A menos trabajo, menos cargas laborales y menos gasto en protección social, pero también menos consumidores. ¿Quién consumirá los productos nacionales o internacionales de ésta o cualquier otra globalización? ¿Quién tendrá capacidad para ahorrar y promover la financiación y desarrollo futuros? ?Cómo resistir a la expedita economía criminal, si todas las otras formas no logran satisfacer ni siquiera lo básico ?
La democracia efectiva y el diálogo constructivo son sin duda elementos fundamentales para la globalización del mañana. El trabajo es el hilo conductor constante que permitirá transitar de la globalización actual a una nueva globalización más madura y sostenible. Es evidente que para alcanzar este objetivo unificador, no cualquier forma de trabajo debe ser promovido ya que los resultados pueden ser desastrosos. No se trata simplemente de crear puestos de trabajo, sino que han de ser de una calidad aceptable. No cabe disociar la cantidad del empleo de su calidad. El trabajo, debe ser capaz de contar con los recursos para vivienda, alimentación, educación, protección social e ingresos adecuados en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad humana.
El trabajo que requiere la globalización de ahora y del futuro debe apuntar al respeto universal de los principios y derechos fundamentales en el trabajo; crear más y mejores oportunidades de empleo y de ingreso para mujeres y hombres; mejorar la calidad y ampliar la cobertura de los sistemas de protección social, y promover el diálogo social. Este tipo de trabajo ha sido sintetizado por la OIT en el concepto del "Trabajo Decente" y constituye el pilar básico e integrador de su programa y objetivos estratégicos.
Es evidente que la imaginación es un proceso previo a la creación y que para pasar de la idea al acto se requiere, antes que nada de un gran compromiso. Igualmente se menciona que no hay viento favorable para el que no sabe hacia donde va. Los mandantes de la OIT, las organizaciones de empleadores y de trabajadores, y los gobiernos, han brindado su apoyo total a la promoción del Trabajo Decente en tanto que estrategia para el desarrollo.
La protección social es un elemento fundamental del concepto de Trabajo Decente y tiene vínculos con los objetivos de diálogo social, con la promoción del empleo y con el respeto de los derechos fundamentales de los trabajadores. Baste para confirmar lo anterior que más de la mitad de los Convenios adoptados por la OIT se refieren a la protección social. Una adecuada protección social es, por lo tanto, un elemento fundamental de la viabilidad y aceptabilidad de la globalización económica. Por otro lado, la capacidad para brindar adecuada protección social a la mayoría de la población requiere una economía global exitosa.
A pesar de sus logros y sus limitaciones en el propio campo económico, toda globalización que se precie de exitosa y aceptada, requiere corregir el enorme rezago que se observa en materia de protección social.
La mayoría de la población del mundo no cuenta con una protección social adecuada. Es preciso incorporar en las estrategias nacionales, regionales e internacionales, la necesidad de mejorar y extender la cobertura de los sistemas de protección social en todas sus dimensiones: seguridad del ingreso, salud y seguridad en el trabajo, condiciones de trabajo y medio ambiente, salud de la familia, y jubilaciones y pensiones. Es indispensable otorgar la prioridad y hacer efectiva la igualdad y oportunidades entre los sexos y abordar adecuadamente nuevos procesos y retos emergentes como las migraciones internacionales y la pandemia del SIDA.
Las respuestas en torno al Trabajo Decente y en torno a su componente de protección social no se encuentran todas a la mano. Por lo pronto, es todavía más extenso el catálogo de preguntas que el de respuestas, pero es indudable que se debe seguir estudiando, cuestionando y proponiendo alternativas innovadoras en todos los niveles: individual, familiar, comunitario, local, nacional, con el sector privado nacional e internacional, con las organizaciones de trabajadores, con la sociedad civil y con la comunidad internacional. Es posible que las nuevas alternativas y propuestas incluyan elementos y combinaciones de reformas, de fortalecimiento de los sistemas de protección social, de micro-aseguramiento social, de re-aseguramiento social, de redes de protección social, de seguridad y de condiciones de vida en los nuevos entornos laborales acompañadas de una gestión eficiente y democrática de todos estos nuevos y cambiantes riesgos sociales.
Como los Aztecas que sacrificaban doncellas para satisfacer a los dioses, los defensores de la globalización emergente pensaron que la viabilidad de la misma pasaba por un sacrificio del ámbito social, en particular de la protección social. Simétricamente los defensores de lo social pensaron que sacrificando la globalización darían por satisfechas las aspiraciones sociales.
La realidad del principio de milenio es que lo social y lo económico se necesitan y apuntalan mutuamente y están unidos como siameses por una sentencia "oitiana" de supervivencia, desarrollo y viabilidad mutua:
"Si quieres la globalización, promueve el trabajo decente y la protección social para todos. Si quieres un trabajo decente y protección para todos, promueve la globalización".